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El Niño 2026–2027: Preparación Empresarial en las Américas y el Caribe

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El fenómeno de El Niño es la principal fuente de variabilidad climática interanual con alcance global. En su fase cálida, El Niño altera los patrones de precipitación y temperatura en extensas zonas tropicales, con consecuencias documentadas sobre la producción agropecuaria, la disponibilidad del agua, la salud ocupacional, la integridad de los ecosistemas y la continuidad operacional de la industria manufacturera y de servicios.

Esta edición del fenómeno plantea un escenario sin precedentes. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reporta, en su actualización de mayo de 2026, una probabilidad del 80 % para el desarrollo de condiciones de El Niño durante el trimestre junio–agosto, con valores que escalan al 90 % o más para el período julio–noviembre de 2026. Los modelos climáticos de largo alcance apuntan a una intensidad fuerte, con posibilidad de alcanzar la categoría de alta intensidad, definida por anomalías de temperatura superficial del mar iguales o superiores a +2 °C en la región ENOS central-oriental del Pacífico ecuatorial.

Lo que distingue a este episodio de eventos anteriores es que se desarrolla sobre una línea base de calentamiento global de +1,4 °C respecto al período preindustrial. El Jefe de Predicción Climática de la OMM, Wilfran Moufouma Okia, precisó en mayo de 2026 que "los modelos indican que este puede ser un evento fuerte; debemos prepararnos". El Sexto Informe de Evaluación del IPCC (AR6, 2022) confirma que un calentamiento global de 1,5 °C duplica la probabilidad de sequías agrícolas extremas en gran parte del norte de Sudamérica y Centroamérica respecto al período de referencia, y que los riesgos para los rendimientos agrícolas podrían triplicarse a 3 °C.

La región de las Américas y el Caribe tiene memoria institucional de lo que implica un episodio de estas características. El evento El Niño 2023–2024, de intensidad fuerte, dejó consecuencias graves, la sequía amazónica afectó al 59% del territorio brasileño, la más grave desde que existen registros instrumentales en la década de 1950, con precipitaciones un 30–40 % por debajo de lo normal en la Amazonía y el Pantanal. Las pérdidas económicas asociadas a eventos extremos en Brasil durante ese período ascienden a aproximadamente USD 15.000 millones según estimaciones ajustadas por inflación. El Banco Mundial ha documentado que los desastres climáticos extremos generan pérdidas anuales en la región que pueden alcanzar entre el 2 y el 5 % del PIB en los países del Cono Sur durante episodios severos, y que un incremento de 1,5 °C en la temperatura media global se traduciría en un aumento de hasta el 400 % en la población afectada por inundaciones en el Perú.

En el plano macroeconómico regional, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha advertido que un episodio de El Niño de magnitud moderada-fuerte puede generar un incremento de hasta 3 puntos porcentuales en la relación deuda/PIB a lo largo de un período de tres años en los países más expuestos.⁷ La CEPAL, por su parte, señala que el cambio climático —incluida la variabilidad asociada al ENOS— es un factor que agrava de manera directa las perspectivas de crecimiento de la región, que ya enfrenta una década de bajo crecimiento promedio (0,9 % anual entre 2015 y 2024), y que los sectores agrícola y turístico podrían perder hasta 15 millones de empleos ante la intensificación de los impactos climáticos.

Justificación

El sector empresarial es, al mismo tiempo, uno de los más expuestos al impacto de El Niño y uno de los actores con mayor capacidad para actuar de forma anticipada. Las empresas enfrentan riesgos concretos que incluyen:

  • Restricción severa en el abastecimiento de agua para uso industrial, agroindustrial, generación de energía y provisión de servicios.
  • Reducción de la productividad agropecuaria por déficit hídrico y olas de calor sostenidas.
  • Incremento del riesgo de incendios forestales y/o inundaciones con afectación directa a instalaciones, infraestructura y logística.
  • Aumento de la siniestralidad laboral y de enfermedades laborales derivadas del estrés térmico.
  • Alza en los costos energéticos ante la disminución de caudales hidroeléctricos.
  • Disrupciones en cadenas de suministro en sectores como alimentos, bebidas, química, manufactura y construcción.

Sin embargo, las empresas de la región raramente cuentan con marcos prácticos de preparación frente a fenómenos climáticos extremos. La ventana que se abre entre el pronóstico estacional y el pico del evento es un activo estratégico: actuar ahora, cuando todavía hay tiempo, puede marcar la diferencia entre la continuidad operacional y pérdidas significativas en producción, empleos y activos.

Objetivos

  • Fortalecer la preparación anticipada del sector privado en las Américas y el Caribe ante el Fenómeno El Niño 2026–2027, a través del intercambio de información técnica actualizada, experiencias empresariales y herramientas prácticas de preparación frente a los riesgos asociados a este evento.
  • Presentar las proyecciones científicas más recientes sobre El Niño 2026–2027 y sus implicaciones sectoriales.
  • Compartir experiencias de empresas de la red ARISE que han avanzado en la implementación de medidas concretas de preparación ante el fenómeno.
  • Poner a disposición del sector privado regional herramientas y lineamientos de preparación desarrollados por Responsabilidad Integral.
  • Identificar acciones prioritarias en materia de gestión del agua, protección de trabajadores, prevención de incendios y continuidad de la producción, tanto para el período previo al pico del evento como para la fase de recuperación.

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