Futuros Resilientes: Las ciudades deben marcar el camino

Author

Mami Mizutori

Source(s)
United Nations Office for Disaster Risk Reduction
Devex
Vista nocturna de Brasilia desde la Estación Espacial Internacional. Ceilândia, al oeste de Brasilia, era un asentamiento informal reestructurado por el Gobierno en 1970 que se ha convertido ahora en una ciudad satélite.
Vista nocturna de Brasilia desde la Estación Espacial Internacional. Ceilândia, al oeste de Brasilia, era un asentamiento informal reestructurado por el Gobierno en 1970 que se ha convertido ahora en una ciudad satélite.
Centro Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA/CC-BY-NC  

Se estima que en 2030 el 60% de la población mundial vivirá en zonas urbanas. Con el efecto del cambio climático en aumento, las ciudades, los ciudadanos y el sector privado tendrán que trabajar juntos para evitar la pérdida de vidas a gran escala y los daños al medio ambiente y a las infraestructuras. La serie Futuros Resilientes muestra las formas prácticas en que las ciudades y las autoridades locales, los gobiernos, las empresas y las partes interesadas en el desarrollo sostenible pueden planificar para aumentar la resiliencia y reducir el impacto de los desastres.   

Este proyecto fue producido por Devex, con el apoyo de UNDRR y en alianza con Goal Global y Helvetas.  

Para leer el artículo original, haga clic aquí

Para la mayoría de nosotros, el futuro es sin duda urbano. Ahora bien, si aspiramos a que ese futuro sea saludable, seguro y productivo, nuestro entorno urbano debe operar para nosotros y no contra nosotros.  

Y no tenemos mucho tiempo para lograr que así sea. La COVID-19 ha demostrado que todos estamos interconectados, a veces de manera catastrófica. Hasta que no estemos todos a salvo, nadie está a salvo.  

Las ciudades conforman el principal escenario de la batalla contra la COVID-19 y otras amenazas como el hacinamiento, el desempleo, la contaminación atmosférica o el cambio climático.  

Y, como recientemente afirmara con tanta elocuencia Jagan Chapagain, secretario general de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, mientras esperamos y planificamos una vacuna para la COVID-19, “no hay vacuna contra el cambio climático”.  

Si queremos tener alguna posibilidad de cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y construir un mundo seguro, resiliente y sostenible para todas las personas, debemos poner al día nuestras ciudades.  

Las ciudades son la fuente de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero y de los altos niveles de contaminación industrial que se cobran millones de vidas todos los años.  

Las ciudades deben pasar de ser vulnerables a generar una reducción del riesgo para las poblaciones locales. Las ciudades deben convertirse en focos para la acción climática, no para la emergencia climática.  

Al incorporar un enfoque de resiliencia —ya sea en la planificación de nuevos proyectos de viviendas, en la reconfiguración de los sistemas de transporte, en garantizar la infraestructura crítica como hospitales y escuelas, mejorar la calidad del aire, incorporar un enfoque de soluciones basadas en los ecosistemas o la naturaleza para preservar los espacios verdes—, las ciudades reducirán la vulnerabilidad futura, disminuirán la exposición al riesgo y evitarán crear nuevos riesgos.  

Durante la última década, la  Iniciativa Desarrollando Ciudades Resilientes ha estado apoyando a las ciudades para que hagan precisamente eso. Con más de 4.300 entidades signatarias, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres y sus socios han ayudado a las ciudades a redactar e implementar estrategias de reducción del riesgo de desastres, a mejorar su capacidad de gestión de desastres y a involucrar a las comunidades para garantizar la inclusión de los grupos más vulnerables en la planificación relativa a los desastres.  

Para ser resilientes a los desastres, las ciudades necesitan el apoyo de socios muy diversos como el sector privado, el mundo académico y las organizaciones de la sociedad civil. Al mismo tiempo, se debe desarrollar la resiliencia en todas las escalas, desde el individuo y el hogar, hasta los niveles municipal y nacional, y se deben fortalecer los vínculos verticales entre los Gobiernos locales y nacionales.  

Y ahí es donde interviene la MCR2030.  

A través del programa MCR2030, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres y nuestros principales asociados proporcionarán herramientas críticas para ayudar a las ciudades a trazar su camino hacia la resiliencia, compartir los aprendizajes de ciudad a ciudad y vincular a las ciudades con socios que pueden ayudarlas a progresar. A medida que una ciudad avanza por ese camino, podrá compartir su propia experiencia con las que vengan detrás, en cualquier parte del mundo.  

Históricamente, las ciudades siempre han sido centros de innovación: puntos de encuentro para las personas y las ideas, el lugar donde se ponen a prueba los inventos, donde se construyen los futuros. Eso es lo que hemos podido observar en repetidas ocasiones durante esta pandemia. Las actuaciones de muchos líderes de las ciudades han salvado vidas y protegido los medios de vida. La base de la resiliencia es sólida.  

Las ciudades son el lugar ideal para crear comunidades resilientes. Si queremos tener alguna posibilidad de cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y construir un mundo seguro, resiliente y sostenible para todas las personas, debemos poner al día nuestras ciudades.  

Sabemos lo que hay que hacer. Estamos en esa encrucijada y sabemos qué camino seguir. Hago un llamado a las ciudades para que marquen camino a seguir. Vamos allá.  

En la serie resilientfutures.devex.com encontrará más información sobre las prácticas que las ciudades pueden adoptar para desarrollar la resiliencia y reducir el impacto de los desastres. Únase a la conversación con el hashtag #CiudadesResilientes.  

Sobre la autora 

Mami Mizutori 

Mami Mizutori es la Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres y Jefe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). 

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